El trastorno del espectro autista es una enfermedad relacionada con el desarrollo del cerebro que afecta la manera en la que una persona percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación. El trastorno también comprende patrones de conducta restringidos y repetitivos. El término «espectro» en el trastorno del espectro autista se refiere a un amplio abanico de síntomas y gravedad.
El trastorno del espectro autista comprende afecciones que anteriormente se consideraban independientes, como el autismo, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y una forma no especificada de trastorno generalizado del desarrollo. Algunas personas aún utilizan el término «síndrome de Asperger» que generalmente se considera que está en el período final leve del trastorno del espectro autista.
El trastorno del espectro autista comienza en los primeros años de la infancia y, a la larga, provoca problemas para desenvolverse en la sociedad, por ejemplo, en situaciones sociales, en la escuela y el trabajo. Los niños suelen presentar síntomas de autismo en el primer año. Un número reducido de niños parecen desarrollarse de forma normal en el primer año y luego pasan por un período de regresión entre los 18 y los 24 meses de edad, cuando aparecen los síntomas de autismo.
Si bien no existe una cura para los trastornos del espectro autista, un tratamiento intensivo y temprano puede hacer una gran diferencia en la vida de muchos niños.
Cada vez son más los niños en todo el mundo que reciben un diagnóstico del espectro autista. En España, las estadísticas del Ministerio de Sanidad aseguran que 1 de cada 150 niños padece un trastorno del espectro autista. En sentido general, se trata de un conjunto de alteraciones que afectan esencialmente la capacidad para comunicarse del niño, a la vez que reduce de manera considerable sus intereses y sistema de actividades. No obstante, todos los niños con autismo no tienen un mismo nivel de funcionamiento cognitivo, conductual y psicológico.
De hecho, muchos de los niños diagnosticados con autismo pueden vivir de forma independiente, logran desarrollar el lenguaje, son capaces de comunicarse con las personas que los rodean y tienen un rendimiento cognitivo medio o superior a la media. El problema es que, muchas veces, estos niños pasan desapercibidos o reciben un diagnóstico erróneo ya que sus síntomas suelen ser muy sutiles y se confunden con un simple retraso en el desarrollo. El problema es que independientemente de que puedan llevar una vida “normal” estos niños necesitan una atención especial y cuanto antes la reciban mejor será su evolución. Por supuesto, el primer paso es identificar los síntomas para acudir a un especialista.
Los signos que delatan un autismo leve
Habilidades comunicativas
Uno de los síntomas inequívocos de un niño con autismo son sus dificultades para comunicarse. De hecho, aunque los pequeños que padecen autismo leve sean capaces de desarrollar el lenguaje y algunas habilidades verbales, suelen presentar dificultades en la comunicación funcional. Esto significa que, a pesar de dominar el vocabulario, las conjugaciones verbales y las estructuras gramaticales de las frases tienen problemas para expresar sus ideas con claridad y exponer lo que quieren decir. En ocasiones, también les cuesta comprender lo que dicen los demás.
Relaciones sociales
Otro de los signos más evidentes de que un niño padece autismo son sus dificultades para relacionarse con los demás. De hecho, aunque los niños con autismo leve usualmente logran comunicarse y relacionarse con los adultos y coetáneos, pasan por alto detalles extraverbales de la interacción social que un niño de su edad captaría con rapidez. Estos pequeños no suelen variar el tono de la voz al hablar, apenas usan los gestos y el lenguaje corporal, les resulta difícil mantener el contacto visual con su interlocutor y les cuesta ser empáticos y comprender las emociones ajenas.
Funcionamiento cognitivo
Algunos niños con autismo desarrollan destrezas cognitivas en un área particular, como puede ser la música, la pintura o las matemáticas. De hecho, se cree que muchos genios famosos como Mozart, Beethoven, Newton y Einstein padecían autismo. No obstante, más allá de las “habilidades especiales” que puedan manifestar algunos de ellos, lo cierto es que la mayoría desarrolla una inteligencia normal. Por tanto, obtienen buenas calificaciones en los tests de inteligencia, a pesar de que tienen dificultades para enfrentar las tareas de su vida cotidiana, sobre todo las que implican un cambio en sus rutinas o tomar decisiones rápidas.
Movimientos estereotipados
Normalmente se piensa que los niños con autismo se distinguen por sus conductas repetitivas y estereotipadas como el típico balanceo. Sin embargo, aunque existen algunos pequeños con autismo leve que tienen movimientos estereotipados o manierismos, la mayoría apenas los desarrollan. No obstante, muchos de ellos pueden manifestar una especie de tic o manierismo ante situaciones estresantes o que demandan demasiado de sí aunque, usualmente, desaparecen cuando la situación se calma.
Actividades e intereses reducidos
Los niños con autismo leve suelen tener un sistema de intereses y actividades más reducido que el resto de los pequeños de su misma edad. La mayoría de las veces se sienten motivados por temas específicos como por ejemplo, los animales, los juegos o los coches. La mayor parte de la vida de estos niños se vuelca hacia estos temas y les cuesta mucho realizar otras actividades. De hecho, suelen mostrar un apego “poco común” o demasiado intenso hacia las tareas que en realidad les interesan y, en cambio, desatienden fácilmente otros intereses que suelen ser comunes para el resto de los niños como el juego o la interacción con sus coetáneos.